SOLIDARIDAD CON LOS DAMNIFICADOS: EL GRAN RETO DEL 2.011

Colombia vive la temporada de lluvias más violenta que los expertos recuerden. En muchas regiones del país en lo que va corrido de los meses de noviembre y diciembre, el porcentaje de lluvias ha sobrepasado el 500 por ciento del promedio histórico de los últimos años. Al cierre de 2.010, estadísticas del Gobierno Nacional estiman que por lo menos 300 personas han perdido la vida por hechos derivados de la ola invernal. 

A esto se suma una cifra de casi 450 mil familias afectadas, que superan la cifra de los dos millones de personas y más de ciento veinte mil damnificados que hoy son atendidos en refugios de emergencia en 521 albergues temporales.

 

Las precipitaciones dejan además por lo menos 1,3 millones de hectáreas de tierras agropecuarias inundadas. Las lluvias torrenciales y los aludes han destruido centenares de kilómetros de carreteras, puentes, acueductos y escuelas y también han forzado la evacuación de miles de personas de algunas localidades. La catástrofe que viven algunas regiones del país como la Costa Caribe, ha sido incluso comparada con los devastadores efectos del huracán “Katrina” que azotó hace algunos años en Nueva Orleáns, Estados Unidos, con la diferencia que mientras el huracán llegó, arrasó y se fue, el invierno en Colombia aún no para y se temen mayores daños.

 

La magnitud de los efectos en la ola invernal, habrá de traducirse en fenómenos como el encarecimiento de alimentos y el drama social de las personas damnificadas. El gran reto para los gobiernos territoriales y el gobierno nacional en el año 2.011, será dar solución a la problemática de las millares de personas que lo han perdido todo por cuenta de la furia de la naturaleza. En la ayuda a estas personas, también tendremos que concentrar una parte importante de nuestras energías y de nuestros esfuerzos.

 

Toda esta situación tiene que constituir un llamado a modificar nuestra relación con la naturaleza e incluir las variables climáticas y ambientales como un componente fundamental en la formulación de planes y programas de desarrollo. En las actuales condiciones es absolutamente irresponsable seguir construyendo ciudades y desarrollando infraestructura en zonas vulnerables con las consecuentes situaciones críticas a causa de inviernos o sequías prolongadas.

 

El manejo adecuado de suelos y la racional utilización de recursos naturales tienen que constituir elementos primordiales en una agenda en la que se priorice el respeto por el medio ambiente y la preservación de los ecosistemas, si no queremos seguir padeciendo los efectos climáticos como consecuencia de la inevitable cuenta de cobro que la naturaleza nos pasará por no cuidar adecuadamente nuestro planeta que es nuestra casa.  

 

Con información de: http://www.eltiempo.com y http://www.semana.com

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