A DIEZ AÑOS DE INICIARSE TRAGEDIA HUMANITARIA EN EL DEPARTAMENTO NORTE DE SANTANDER

“La llegada de los paramilitares al Catatumbo fue anunciada por Carlos Castaño en los medios de comunicación. En mayo de 1999 las AUC iniciaron la concentración de hombres en las haciendas de San Alberto y San Martín de propiedad de la familia Prada en los planes del sur del Cesar. De allí partió una caravana de 12 camiones y algunos vehículos particulares, repletos de hombres armados, que se encumbraron por las tierras quebradas del Catatumbo. La primera incursión tuvo como objeto el posicionamiento en el bajo Catatumbo, cuyo escenario principal fue el municipio de Tibú y su corregimiento La Gabarra. La estrategia fue lograr un posicionamiento militar para despejar cualquier riesgo de oposición civil o armada, para acceder en un primer momento al control de una parte del territorio con cultivos de hoja de coca. Las guerrillas que otrora controlaban a sus antojos esta región, tuvieron que replegarse a zonas de retaguardia estratégica lo más alejadas posibles de las partes bajas de Tibú, a pesar de su tan cacareado operativo de resistencia a la ofensiva paramilitar.

En estas condiciones lograron cambiar muchas cosas, especialmente en el negocio de la coca. Impusieron sus reglas de juego. Fijaron el precio del kilo de la base de coca, centralizaron la venta en compradores de las AUC, controlaron los insumos y el transporte, prohibieron sacar la droga sin su autorización y, por supuesto, promovieron un aumento masivo de siembra de hoja. Para 1996 y 1997 existían aproximadamente 2.580 hectáreas cultivadas de coca. Un año después de la incursión paramilitar, esta cifra estaba alrededor de 12.390, según información del Comando General de las Fuerzas Armadas para la época.

Estos hombres fueron escogidos y seleccionados de bloques de las ACCU, para llegar a una región con una fuerte e histórica presencia guerrillera. Pero no solo llegaron con la disposición de enfrentar y repeler los posibles ataques de la insurgencia, sino con la intención fría y calculada de golpear a los pobladores de la región. Así obtuvieron el control de las cabeceras municipales, de las entradas y salidas a pueblos y caseríos, del transporte y la economía local. Al tomar el control territorial todo quedó bajo su mando y dominio absoluto. Durante este período de tiempo avanzaron en la creación de redes de control económico en gran parte del departamento, apoyadas con una estrategia violenta”. (2)

Han transcurrido diez años desde la más grande ofensiva que grupo armado ilegal alguno haya emprendido en el departamento Norte de Santander. La primera masacre ocurrió en la madrugada del 29 de mayo de 1999, en el sector conocido como La Refinería, en la vía entre Tibú y el corregimiento La Gabarra. Este fue el primero de tres hechos violentos consecutivos que marcaron el comienzo de la arremetida paramilitar en la región de El Catatumbo, que dejó una estela de muerte, desplazamiento, despojo y destrucción.

Fueron innumerables las atrocidades cometidas contra la población civil por parte de este grupo armado ilegal. Muchas de estas acciones contaron con la complicidad –o al menos la omisión- de agentes estatales. Cifras preliminares calculan las víctimas de estas atrocidades en más de diez mil muertos, 600 desaparecidos y 110 mil desplazados (3). La barbarie llegó a extremos que nos recuerdan las épocas del Holocausto en la Segunda Guerra Mundial, también en Norte de Santander existieron hornos crematorios en donde muchas víctimas fueron incineradas.(4).

En medio de la frustración que hoy embarga a las víctimas y sus familias por el hundimiento de una Ley que se tramitaba en el Congreso de la República para iniciar al menos de manera parcial su reparación y restablecimiento de sus derechos y por la creciente impunidad que aún rodea muchos de estos hechos, resaltamos la iniciativa de organismos como la Mesa de Población Desplazada, que con el apoyo de diferentes organismos internacionales y organizaciones sociales, ha realizado un Foro en el cual se conmemoró una década de estas atrocidades y se hizo un balance de la situación de las miles de personas en situación de desplazamiento en nuestra región.

Para que no se pierda la memoria, elevamos nuestra voz para gritar ¡Nunca más¡¡ frente a las violaciones de los derechos humanos y por la defensa del respeto a la vida como valor fundamental de toda sociedad.

 

(1) Imagen tomada de la página web: www.anticorrupcion.gov.co/.../fotos/090317a.jpg

(2) “Paramilitarismo en Norte de Santander”. Ramiro Landínez Suárez. http://gisde.org/un1/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=437

(3) http://www.peaceobservatory.org/es/1056314092/incursion-paramilitar-en-el-catatumbo-una-decada-de-impunidad

(4) Artículo “CAMBIO conoció los hornos crematorios que construyeron los paramilitares en Norte de Santander”. http://www.cambio.com.co/informeespecialcambio/829/ARTICULO-WEB-NOTA_INTERIOR_CAMBIO-5235387.html

 

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